
Es el destino el mejor dramaturgo de esta vida, pues a su vez es descabellado y razonable, cruel y compasivo, desatinado y certero, caprichoso y justo. Cómplice con el tiempo hace y deshace cuando y en cuanto le da la gana con nosotros sus actores. Si es cierto que nos arrebata compañeros de escena, también es cierto que nos pone nuevos para compartir el drama. Compañeros que se vuelven amigos, amigos que se vuelven familia, familia que se vuelven desconocidos. Ha elegido este mundo como su mejor escenario y son la vida y la muerte quienes bajan y suben el telón.
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