
La cama comenzaba a moverse y el cuarto se volvía más oscuro. De repente comenzaron a flotar sobre mí objetos extraños, entre ellos árboles danzantes, relojes desvanecidos, rostros tristes, enojados y alegres, elefantes con pies de jirafa y dos duendecillos juguetones que se postraron al pie de la cama. Me senté y miré nuevamente a mí alrededor, pues aún no comprendía el espacio en el que me hallaba.
-¿Qué hora es?- le pregunté a los duendecillos
-No sabemos,- respondieron a coro- aquí el tiempo pasa diferente.
Les creí, pues de todos los tiempos habidos y por haber, yo solo conozco cinco; el pasado, el presente, el futuro, el hubiera y el podría.
Estos dos últimos poco valorados y hasta negados, versiones alternas del pasado y el futuro que se definen en los actos del presente, que por ser el más efímero de todos no es el menos importante.
Imagen de Pinterest
Intenso!!!!
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Como los estragos del tiempo.
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