Atemporal

El amor llegó a mí una tarde de otoño, esa época del año que tiene el viento cargado de romanticismo.

En una tarde ordinaria dentro del cataclismo de la vida diaria, mientras las hojas amarillecen, las amarillas se desprenden y las ya caídas adornan las calles, cruzó frente a mí una mujer de nombre desconocido, pero de un rostro que mi alma parecía conocer de todas las vidas, como si ya hubiéramos tomado en varias ocasiones, el café de la primera cita.

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar