Cita

Llegué al bar como todo viernes a las 2 de la tarde, mi lugar favorito una mesa para dos en la esquina de la terraza, siempre se encontraba vacía.
Pero no a las 2 de la tarde de ese viernes, pues en ella se encontraba una chica de cabello alborotado, sonrisa discreta y unas gafas blancas poco comunes, de cristales triangulares y muy oscuros, de aquellos que usan los agentes en las películas para ocultar su identidad y que nunca pasan desapercibidos.
-Disculpe señorita- le dije con voz baja, tratando de imitar a un galán de película de los ochentas- está usted en la que por derecho de antigüedad es mi mesa, pero no me importaría compartirla con una mujer tan misteriosa.
Alzó la mirada y se bajó los lentes, dejando al descubierto sus ojos.
-Pensé que ya no llegarías – me dijo mientras sonreía.

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