
La cocina huele a ese humo que entrelaza la historia, el sabor, la algarabía, el culto, la tradición.
A la orilla están aquellos trozos de árboles muertos que alimentan el fuego hasta convertirse en cenizas, cenizas que se adhieren a tu blanco huipil y tizna el vivaz de sus flores.
De blanco, negro y rojo tus manos se han teñido, solo ellas saben el secreto de tu sazón.
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