¡A quien se deje!

Cuando el sol se ocultaba en el pueblo, el proceso era tan lento que parecía detenerse el tiempo justamente antes que cruce la delgada línea del horizonte. Era común ver a unos cuantos viejos a esa hora sentados en las bancas del parque, se reunían para admirar el paisaje, para hablar de sus tierras y sus ganados, para recordar anécdotas o tal vez para no envejecer tan solos.

-Se ve que este año va estar buena la lluvia – dijo don Pancho para empezar la plática. 

-¡Mare sí! – dijo alegre Jacinto- porque el año pasado nos partió la madre el ciclón.

-¡Peluná, al menos vendiste algo! – dijo Valdés como a quien le duele recordar – a mí hasta las abejas se me escaparon. 

-¡Por pendejo te pasó!- le dijo en reclamo don Jorge – te dije que las lleves con las mías, velo, a las mías nada les pasó. 

Don Pancho no sólo era de pocas palabras, también hablaba bajo, casi entre dientes, al menos cuando no estaba mentando madres, fue comandante con dos presidentes, era respetado aunque tenía fama de mujeriego. Jacinto era el más grande de todos y tenía el rancho mejor administrado, dicen que él financió la campaña del actual presidente, por eso anda bien despreocupado. Valdés en cambio siempre andaba envuelto en líos, cada año vendía más hectáreas y sus vacas flacas, flacas como él. Don Jorge era muy serio, parecía estar siempre enojado, vivía modestamente y de él y su familia se hablaba muy poco.

-¡Yo estoy más salado que nada! – dijo Valdés resentido – así las hubiera llevado a mi casa, de todos modos se me iban a escapar, como que yo no le caigo bien a Dios. 

-Por eso te va mal, siempre te estás quejando y rezongando- le respondió Jacinto. 

Se hizo un silencio incómodo que pareció durar más de un minuto, y nada sería un minuto en medio de carcajadas, pero un minuto en silencio después de un comentario que tensa hasta el aire, se torna eterno. Y es que no ahondaremos en detalles, pero sí debemos mencionar que Valdés le debe mucho dinero a Jacinto. Por suerte sonaron doce campanadas del reloj municipal anunciando las siete de la noche.

-Aunque las tierras ya no están como antes, ya cada vez dan menos. – dijo don Pancho. 

-Es cierto, antes daba para vender y para comer, hasta pa’ los animales alcanzaba – respondió don Jorge. 

-¡Por eso cuando sea presidente todos van a  tener sistema de riego! – dijo Jacinto enérgico.

-¿Tú qué sabes de política? – preguntó don Jorge sarcásticamente.

-¡No más que los anteriores, ni menos que los siguientes, solo qué hay que chingar a quien se deje! – decía entre carcajadas Jacinto mientras se levantaba de la banca.

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